La Dra. Cristina Gómez Rebollo, especialista en Neumología, hemos hablado de varios temas en esta entrevista, entre ellos, cuándo es necesario acudir al neumólogo.
Debemos acudir a la consulta del neumólogo cuando existe dificultad para respirar, tos persistente que empeora o no se cura, ruidos en el pecho, infecciones respiratorias recurrentes, tos con expectoración de sangre, ronquidos excesivos con pausas respiratorias al dormir, o en el caso de tener una patología respiratoria ya conocida (como asma o bronquitis crónica) que no esté bien controlada.
Doctora, ¿qué tipo de pruebas diagnósticas realizáis los neumólogos y para qué sirven?
Los neumólogos, además de la entrevista y la exploración del paciente, nos podemos ayudar de diferentes pruebas a la hora de evaluar una patología respiratoria:
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Oximetría.
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Pruebas de imagen (radiografía o TC de tórax).
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Gasometría en sangre arterial.
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Poligrafías nocturnas…
Estas pruebas, a menudo ya realizadas previamente por los propios pacientes, los neumólogos nos encargamos de su interpretación. Además, realizamos directamente algunas pruebas como:
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Pruebas de función pulmonar.
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Broncoscopia.
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Procedimientos pleurales.
Pruebas de función pulmonar
Las pruebas de función pulmonar nos permiten evaluar si el sistema respiratorio está realizando su función correctamente. Forman parte de estas pruebas:
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Espirometría. Es la prueba más importante en el estudio de la función ventilatoria y es básica para el diagnóstico y seguimiento de diferentes patologías respiratorias. Evalúa la cantidad máxima de aire que se puede expulsar tras una inspiración máxima y el flujo de aire espirado.
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Pletismografía. Mide de forma precisa la cantidad de aire que pueden contener tus pulmones en una inhalación máxima y el aire que queda en ellos después de una exhalación profunda.
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Difusión pulmonar. Mide la capacidad de los pulmones de llevar el oxígeno del aire a la sangre.
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Test de esfuerzos. Valoran cómo funciona el sistema respiratorio en actividad.
Broncoscopia
La broncoscopia nos permite observar de forma directa la tráquea y ambos árboles bronquiales (hasta ciertos límites) y tomar muestras en caso de que sean necesarias. Es un procedimiento que consiste en introducir un tubo fino por la nariz o boca hasta alcanzar las vías respiratorias inferiores. Se realiza habitualmente con sedación del paciente.
Estudios pleura: toracocentesis y biopsia pleural
Los procedimientos pleurales sirven para estudiar patologías en la pleura. Conforman la pleura dos capas membranosas que rodean la superficie de los pulmones y la cavidad torácica, respectivamente. En determinadas situaciones, el espacio entre ambas capas puede llenarse de líquido o aire, o la pleura propiamente dicha puede verse afectada.
Con la ecografía torácica y procedimientos pleurales como la toracocentesis (extracción de líquido de la cavidad pleural para su análisis) o la biopsia pleural, podemos estudiar qué es lo que está ocurriendo.
¿Todas las pruebas se hacen en consulta del neumólogo?
No todas.
Pruebas en la consulta del neumólogo
En consulta disponemos de un espirómetro, ya que es la prueba más fundamental en la evaluación de los pacientes respiratorios. Es una herramienta con la que estamos muy familiarizados y habitualmente realizamos la espirometría a nuestros pacientes durante su primera visita a consulta y, si es necesario, en las revisiones periódicas. El resto de pruebas funcionales se hacen con aparatos e instalaciones especiales, por lo que no disponemos de ellos en consulta pero sí en salas especiales.
Pruebas en salas especializadas
La broncoscopia y los procedimientos pleurales requieren de preparación del material, una sala destinada a eso y la disponibilidad de un equipo médico compuesto, al menos, por el neumólogo, enfermería, TCAE y, en ocasiones, anestesista. Se suelen realizar de forma programada.
¿Ante qué señales/síntomas debemos acudir al neumólogo?
Se debe consultar al neumólogo cuando existe:
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Dificultad para respirar.
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Tos persistente que empeora o no se cura.
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Ruidos en el pecho.
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Infecciones respiratorias recurrentes.
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Tos con expectoración de sangre.
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Ronquidos excesivos con pausas respiratorias al dormir.
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Patología respiratoria ya conocida (como asma o bronquitis crónica) que no esté bien controlada.

